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Los teclados todavía son la clave del éxito

Estoy creando esta columna con un dispositivo del siglo diecinueve que requiere un adiestramiento largo e incómodo. Tan complicado es que hasta los usuarios más hábiles pueden producir cientos de errores al día; sin embargo, hasta ahora nadie ha inventado una alternativa que iguale su constante productividad.

Damas y caballeros, demos un aplauso a nuestro amigo el teclado físico. Y hagámoslo ahora que todavía existe. Últimamente he tropezado con una avalancha de productos mal concebidos que tratan de desplazar completamente al viejo machacador de dedos.

Tome, por ejemplo, el diseño de la Microsoft Ultra Mobile PC. Este esquema, tal como se ha visto en la Samsung Q1 y en la TabletKiosk Eo, ofrece muchas maneras de escribir el texto: tres variaciones de teclados en pantalla sin realimentación táctil –dos para una pluma y uno para los dedos pulgares– además de dos modos de reconocimiento de letra. Todos esos métodos, para decirlo diplomáticamente, apestan. Si usted quiere un teclado verdadero, siempre podrá conectar un modelo USB, pero nadie debería verse obligado a hacerlo.

Luego tenemos la Nokia 770 Internet Tablet, que es más aun pequeña. Es tan compacta que cabe dentro de un bolsillo, pero para escribir algo tan esencial como un URL hay que apuntar y tocar sobre un teclado en pantalla que es disfuncional, o escribir de la manera que el dispositivo quiere. Si no se utiliza un teclado genuino, se perderá totalmente la facilidad de uso.

Lo mismo pasa con esos teléfonos que le fuerzan a pulsar varias veces en un teclado o a depender de un programa que trata de adivinar el significado de una serie de pulsos. De pronto, usted se da cuenta de que extraña el teclado QWERTY, que podrá encontrar en algunos teléfonos de teclados deslizables.

Un buen teclado puede ser la diferencia entre el éxito y el fracaso. Lo ingenioso del teclado para pulgares del BlackBerry original ayudó a ese producto a convertirse en un nombre familiar. Y Handspring tomó prestada la idea para su Treo en vez de seguir con la tradición del Palm OS de requerir que los usuarios tomaran una pluma y aprendieran a escribir garabatos especiales. Entre las variaciones inteligentes se encuentra un teclado más ancho en el Sidekick de T-Mobile.

Los teclados han sido menos exitosos en los dispositivos intermedios, aquellos que son un poco más grandes que la mayoría de los PDA contemporáneos pero mucho más pequeños que una PC portátil, como las computadoras originales diseñadas con Windows CE, desaparecidas desde hace tiempo sin que nadie lo haya lamentado. Por lo general, el usuario termina con algo demasiado pequeño para escribir por toques, pero demasiado abultado para los pulgares, y con tan poca trayectoria en las teclas que no se sabe realmente si quedó registrado el pulso. Y, sin embargo, no tendría que ser así: la desaparecida Psion Series 5 demostró que teclear en un espacio minúsculo puede ser bastante aceptable.

No estoy diciendo que el QWERTY sea la única manera útil de poner información en un dispositivo. Sigo siendo un gran fanático del reconocimiento de voz, que ya comienza a verse en algunos teléfonos. Pero en los lugares ruidosos o donde es necesario guardar silencio, el teclado gana una y otra vez; e incluso cuando la voz sea una opción, todavía será conveniente tener teclas para editar los errores inevitables en el reconocimiento de voz.

Incluso en las PC tradicionales, los diseñadores no prestan suficiente atención a los teclados. Las portátiles compactas de Sony solían tener una maravillosa tecla adicional de función intercalada entre las teclas de flechas. Con ella se podía usar una mano para combinaciones de dos teclas como <Pág. Arriba> y <Pág. Abajo>. Pero la tecla ha desaparecido y con ella se ha ido alguna facilidad de uso.

Sin embargo, ese sacrificio es nada comparado con la conveniencia que se pierde al no tener un teclado real. Quizá sea un artefacto anticuado, pero como el béisbol y los perros calientes –otras dos innovaciones del siglo diecinueve– el teclado QWERTY no muestra su edad en lo más mínimo.

-Stephen Manes

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