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Productos de tecnología: sublevados pero no rebeldes

Con todo el esfuerzo invertido en producir artefactos de tecnología de clase mundial, ¿por qué nadie puede hacer productos que trabajen correctamente?

Es un tema básico de la ciencia ficción: la tecnología se hace más inteligente, agregando capacidades y haciendo nuestras vidas mucho más fáciles. Y de pronto, un buen día, nuestras creaciones se viran contra nosotros y tenemos una rebelión de computadoras en nuestras manos. Acuérdese de Blade Runner, 2001 (¿se acuerda de HAL, la supercomputadora con problemas mentales?), Battlestar Galactica y más. Incluso hubo un libro en el 2005 con el curioso título de Cómo Sobrevivir una Sublevación de Robots: Sugerencias para Defenderse Contra la Rebelión Futura.

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Mi consejo es que se calme. La humanidad está segura, por lo menos en el futuro previsible.

Es que la ciencia ficción se equivocó. A pesar de décadas de investigaciones y desarrollo, nuestra tecnología de punta pocas veces trabaja como debería. Por eso tengo que reiniciar mi enrutador de Wi-Fi por lo menos una vez a la semana; por eso a mi dispositivo de reconocimiento de huella digital se le olvida periódicamente cómo luce mi dedo pulgar; y por eso es que mi teléfono inteligente sigue perdiendo llamadas sin provocación.

Dado el estado de la tecnología hoy, puedo prever perfectamente la verdadera sublevación cibernética. Justo cuando la supercomputadora malvada se prepara para eliminar a la humanidad, ocurre un error y sale una pantalla azul de la muerte. Así se salvan los humanos—por lo menos hasta alguien reinicie el ser supremo de silicio.

LOS COMPRADORES SALEN MALPARADOS

Mi opinión escéptica de la tecnología fue confirmada este mes cuando revisé los resultados de la encuesta anual de Confiabilidad y servicio de PCWorld (vea “Las marcas de tecnología más (y menos) confiables” en la página 78). Como llevamos haciendo desde hace muchos años, pedimos a los lectores—alrededor de 45.000 de ellos este año—que nos contaran cómo les fue con sus compras recientes de portátiles, sus PC de escritorio, impresoras, HDTV y cámaras. ¿Trabajó el hardware tal como vino de fábrica? ¿O se rompió o no funcionó como se suponía? ¿Ocurrieron problemas sustanciales más adelante? ¿Y cómo manejaron los fabricantes las inevitables reparaciones?

Los resultados, en resumen, son deprimentes. Las mentes mejores y las más brillantes de la ciencia y la ingeniería siguen produciendo una tecnología sofisticada—repleta de extras—que no trabaja, que no cumple las expectativas, o que se rompe fácilmente y con regularidad.

Considere estas cifras: el 35 por ciento de los usuarios de computadoras de escritorio dijo haber experimentado un “problema importante” con su máquina; el 15 por ciento tuvo un “problema con un componente básico”. Lo más sorprendente es que en el 18 por ciento de los casos, el problema no se resolvió. Los usuarios de portátiles tuvieron probabilidades ligeramente mejores, mientras que los compradores de HDTV y de cámaras fueron los más afortunados, con 9 y 8 por ciento, respectivamente, reportando problemas importantes.

Estas cifras no me inspiran confianza porque indican que aproximadamente uno de cada diez consumidores compra un televisor o una cámara que simplemente no funciona.

Claro, las consecuencias del fallo de un producto no son tan terribles como en años anteriores. Los precios en los equipos de tecnología han venido bajando desde hace tiempo; ahora la decisión casi siempre es una compra impulsiva. Además, es posible que la gente no espere que todos sus equipos electrónicos duren tanto tiempo. Según Danielle Levitas, analista principal que cubre la tecnología del consumidor para la firma IDC, “durante los últimos ocho años, el ciclo para el reemplazo de dispositivos se ha acortado; los consumidores se acostumbraron a la noción de que la electrónica portátil sea desechable”.

De hecho, el ritmo de los cambios tecnológicos se ha acelerado tanto que su nuevo televisor, portátil o teléfono pasa de moda casi al instante en que entra por su puerta. Aunque esta realidad puede ser deprimente, también pudiera servir de consolación después de una compra de tecnología poco satisfactoria. ¿No está contento? Salga y compre una versión más nueva y más bonita por menos dinero de lo que pagó la primera vez.

Pero según Levitas, en los últimos 18 meses, la caída en la economía ha alterado el ciclo de compra y reemplazo, ya que los consumidores se quedan más tiempo con sus dispositivos. En este caso, la confiabilidad importa ahora más que nunca.

Por eso me desalientan los resultados de la encuesta de este año. Sí, vimos pequeñas mejoras en la confiabilidad y en la satisfacción de los usuarios con relación a años anteriores. Pero a este paso, pasarán miles de años antes de la sublevación del primer robot.

Y a mí no me queda tanto tiempo.

-Steve Fox es el director editorial de PCWorld.

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