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El dispositivo vestible de MIT que detecta gas toxico

Con sensores de bajo costo, las prendas podrían ser utilizadas por soldados para detectar agentes químicos peligrosos.

PC World en Español

Los investigadores del MIT desarrollaron sensores químicos de bajo costo, a partir de nanotubos de carbono alterados químicamente, que permiten a los Smartphones y a otros dispositivos inalámbricos detectar restos de gases tóxicos.

Utilizando los sensores, los investigadores esperan diseñar insignias de poco peso y de identificación por radiofrecuencia (RFID) para que sean utilizadas por el personal de seguridad. Estas placas podrían ser usadas por los soldados en el campo de batalla para detectar rápidamente la presencia de armas químicas, como el gas nervioso u otros agentes similares y por personas que trabajan cerca de sustancias químicas peligrosas propensas a fugas.

El dispositivo pesaría menos que una tarjeta de crédito, así que es algo que se puede integrar fácilmente en un uniforme de soldado y que les puede aportar una gran capacidad de protección.

El sensor está construido sobre un circuito de nanotubos de carbono, altamente conductivos y envueltos en un material aislante que los mantiene en un estado muy resistente.

Cuando se expone a ciertos gases tóxicos, el material aislante se rompe y los nanotubos se vuelven significativamente más conductivos. El sensor envía una señal, detectable por un Smartphone con tecnología inalámbrica de corto alcance (NFC, por sus siglas en inglés), la cual permite a los dispositivos transmitir datos en distancias cortas.

Estos sensores son muy sensibles y son capaces de detectar menos de diez partes por millón de gases tóxicos en unos cinco segundos. Por otra parte, cada uno de ellos cuesta cinco centavos, por lo que realmente no se puede hacer nada más barato y es una forma de hacerlo llegar a las manos de muchas personas.

En los últimos años, el equipo de MIT ha desarrollado otros sensores inalámbricos y de bajo costo que detectan la carne en mal estado y la madurez de las frutas, entre otras cosas. Todos han sido diseñados de forma similar, con nanotubos de carbono que son modificados químicamente, por lo que su capacidad para transportar una corriente eléctrica cambia cuando se expone a una sustancia química determinada.

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